miércoles, 26 de abril de 2017

Hospital de niños


¿Y cómo fue la historia del hospital de niños?
Terrible. Ahí se nos vinieron abajo las esperanzas. Eso pasó el mismo 29 de abril, cuando el agua se había ganado por todas partes, por todo el oeste, y se estaba viniendo para este lado. Desde acá, arriba del techo estábamos, veíamos que la calle se llenaba de agua, y después esa gente que se escapaba, y más tarde las canoas que traían viejos y cosas y perros. Ahí fue que con mi señora dijimos: hay que defender el hospital de niños, porque si se inundaba semejante hospital grande y nuevo, ¿qué quedaba para nuestra casa, chica y más vieja que la injusticia?
¿Ahí fue cuando llegó el gobernador?
Ahí fue. Cuando lo vimos aparecer, con un piloto marrón que le llegaba a las rodillas, y con cara de velorio, a todos nos invadió una sensación de tranquilidad. Su sola presencia nos dio ánimos, hay que ver lo que es el carisma. Y eso que toda esta zona era un ir y venir de gente desesperada, que no sabía lo que hacer. Pero cuando llegó él las cosas parecieron distintas. Por algo algunos lo sindicaban como la esperanza blanca. Uno sentía que el gobernador era el único que podía arreglar las cosas, que podía atajar el agua y muchos hasta pensamos que la iba a hacer retroceder, y que ese desconcierto no iba a pasar de ser un mal día.
¿Y ahí mismo se puso a trabajar?
No, no lo dejaron al pobre. Ya se estaba arremangando para acarrear bolsas con arena, así todo encorvado como es. Eso fue lo que pensamos, que ponía manos a la obra, para dar el ejemplo, pero no. Porque no va que una vecina, nomás al verlo, le dijo: “Se está muriendo la gente en Santa Rosa y lo saben desde el sábado”. Y no lo dejaron contestar porque pegado vino un muchacho que le dijo casi lo mismo: “Hay gente que se está muriendo en Santa Rosa de Lima, arriba de los techos, criaturitas”. De eso no me puedo olvidar. Cuando escuchamos que había criaturitas en peligro a todos se nos encogió el corazón, y a él seguro que mucho más, porque era el gobernador…
¿Y qué dijo él?
No, en ese momento no dijo nada porque se le acercó una periodista y vuelta con lo mismo: “Allá hay unos chicos que están…”. Y el gobernador dio muestra de su lucidez, la interrumpió, y todos lo pudimos escuchar: dijo que estaban buscando lanchas…
Eso trajo tranquilidad, me imagino…
Y no… parecía como si no lo escuchásemos al hombre. Y eso que le estaba poniendo voluntad a la cosa. Ahí vino otra vecina, o quizás era la misma de antes, no sé, y le habló a los gritos: “Están arriba de los techos, ¿qué están esperando?, ¿que se ahoguen? Están en el techo de la iglesia, hay chicos adentro de la iglesia. No tienen vergüenza, antes de gastar plata en política gasten plata en defensas, hijos de puta”.
¿Lo insultó al mismísimo gobernador?
Sí, esa señora lo insultó en la cara, si me parece que la estoy escuchando. Y ahí él dio una prueba de templanza, porque no se inmutó. Con eso todos nos dimos cuenta que por algo el tipo era el gobernador, que había llegado para solucionar las cosas.
¿Y cómo siguió todo?
La periodista le preguntó si no había respuestas para la gente sobre lo que estaba pasando. Ahí se nos comenzó a debilitar la esperanza porque él contestó que eso era como un terremoto, que teníamos que tomarlo así. Dijo: “esto es una catástrofe, una catástrofe”. Y nosotros, ahí mismo, miramos para adentro del hospital, que estaba rodeado por una pared de bolsas de arena, como de un metro de altura. En ese momento no sabíamos si se iba a ganar el agua o no. Después la periodista hizo la pregunta, como se dice, del millón: si no podrían haber avisado por televisión que el terraplén de la defensa había perdido. Ahí nos empezamos a preocupar en serio porque el gobernador dijo que era un hecho que no tenía antecedente anterior en la provincia.
¿Dijo antecedente anterior?
Eso mismo: antecedente anterior…
Está bien. ¿Después que pasó?
La periodista atacó de nuevo: “¿No se podrían haber mantenido las defensas?”. Y el gobernador, de nuevo, respondió con sabiduría: “No, pasa por arriba de todo”. Y razón no le faltaba: si el agua pasa por arriba de todo, ¿para qué hacer y mantener las defensas?
Y sí, como razonamiento es bastante lógico…
Y claro… A esa altura ya era un remolino de gente alrededor del gobernador. Y ahí la periodista le preguntó por la colaboración de la Nación y él contestó que la Nación estaba tratando en lo posible de ver si podía venir, como si la Nación fuese una persona, ¿no? Yo supongo que hablaba metafóricamente, pero la verdad es que no me alcanza el entendimiento cuando hablan intelectuales como él. Y a todo esto la periodista insistía e insistía: que la respuesta tenía que ser urgente. Y el gobernador asumió su compromiso, ¿no?, porque con buen tino le dijo que había que salir del momento. Lo que agregó nos achicó más la poca esperanza que todavía nos quedaba: “Cada uno que se haga responsable de lo suyo”. Ahí pensé en mi casa. Teníamos que ir a subir las cosas al techo, pero igual me quedé. No podía ser. Y la periodista volvió sobre lo mismo, que hacía días que no paraba de llover, que él se la veía venir, y él, sin más ni más, ahí mismo nos mató la esperanza. Dijo: “Estamos trabajando”, y lo repitió. Yo lo veía con estos ojos que te miran ahora, el gobernador tenía toda la predisposición para trabajar, pero no estaba haciendo nada. Tal vez porque no lo dejábamos, los que le preguntaban y los que estábamos de mirones nomás.
¿Y él no dijo más nada?
Sí, ¿cómo no? Nos contó que su gobierno había hecho obras, pero en la costa del Paraná. Eso era cierto, lo sabíamos todos, pero a nosotros se nos estaba viniendo encima el Salado, no el Paraná.
¿Dijo por qué?
Claro. Dijo: “En la cuenca del Salado, nunca en la historia, desde que se fundó Santa Fe, pasó lo que está pasando ahora”.
Ah, claro, claro. ¿Y ahí terminó todo?
No. Quedaba una pregunta más de la periodista: “Bueno, ¿pero ahora qué se hace, gobernador?”.
Y ahí respondió…
No, no tuvo esa oportunidad. No lo dejaron explicarse…
¿No dejaron hablar al mismísimo gobernador?
Así como lo estoy diciendo. Vino alguien y le gritó: “¡Fuera, hijo de puta!”.
¿Echaron al gobernador? ¿Le dijeron hijo de puta de nuevo?
Sí, sí, una cosa lamentable. A él, que se dignó acercarse hasta acá, dispuesto a arremangarse.
¿Y qué pasó después?
No sé qué pasó con él. Yo me vine para mi casa y con mi señora subimos lo que pudimos al techo. La heladera no, era muy pesada. Y desde ahí vimos cómo el agua se metió en el hospital de niños…

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