viernes 21 de octubre de 2011

Germinal

Ella es Malena, dijo Gaby, y ella es Germinal. Niñas-soles, miran con ojos de asombro. Una, Malena, y su nombre con aire de tango. La otra, Germinal, con el nombre de los muchos significados. Uno de ellos recuerda aquella novela de Zola, que no puede leerse sin un nudo en la garganta. Historia de rebelión de los mineros de Montsou, esclavos de la miseria, que resistieron pero hallaron más miseria. De Alicia y sus nueve años muriendo de hambre; de Catalina resignada a volver a la violencia de su hombre, desventurada, sin ser mujer, siquiera, todavía. Y el título, Germinal, entre tanta injusticia, imaginado como lucha que es simiente y que un día, por los ardientes rayos del astro, haría estallar la tierra, desde abajo. Difícil es captar lo que sucede en la vereda de Obispo Gelabert, a la sombra de los fresnos. Tirados en el suelo algunos, apoyados en las paredes de las casonas otros, hombres pródigos en barbas, y mujeres, en colores, y una tristeza serena de mirada perdida, de mate que se toma sin ganas en medio de tantos “¿te acordás?”, y ojos que otra vez vuelven a brillar. Y parece que sólo falta algún Juanito Laguna para completar el cuadro. Que los hay por ahí, claro que sí, pero no en ese momento. Esos gurises, pintados por Berni, tuvieron en la Gaby a su abrecaminos. Y por eso no podrían entender, porque nadie podría explicarles semejante cosa. La Negra piensa en Ramoncito, quizás en Mili: otra pérdida, dice. Otra más. Imposible es sospechar el vacío de Lucho, y la pena de tantos: murgueros, militantes, actores, músicos, maestros, compañeros. Contador, ninguno, uno piensa, con media sonrisa. Pena de tantos… También de Ana Laura, que una tarde, bajo unos fresnos tan verdes como estos, dijo: ella es Gaby. Y uno piensa en los Juanitos Lagunas, nuevamente, y en las Ramonas Montieles. Y en eso está cuando comprende que germinal suena tan parecido a marginal que asusta un poco que los títeres de Gabriela ya no se muevan. Pensemos que quizás hacia donde ella fue hay chicos del pueblo que la andaban necesitando, también. O que fue por un abrazo de esos a cuya historia honró. Vaya a saber. Iba rumbo a Praga, la esperaban su hijo y esas calles que supo caminar el Che. Nada más que un símbolo, que se ve pequeño ante el dolor de hoy, como de pan que en la puerta del horno se nos quema, como dice Vallejo. Pienso: Gabriela debió llamarse Germinal. No parece un nombre, parece ella misma. Pero no. Milagros y Malena, Ramón y Germinal, y cada Juanito y cada Juanita, que andan y andarán por esas calles de los márgenes y del centro, son ella misma. Eso es. Se fue, pero no. Eso es todo. Chau Gabriela, hasta la victoria.