viernes 12 de junio de 2009

Algunas palabras acerca de la muerte del poeta Clemente Otoniel


La muerte, esa única certeza que poseemos, sorprendió al poeta Clemente Otoniel a sus no muy bien llevados noventa y dos años. No es el objetivo de estas líneas situar su figura en un contexto determinado, ni compararlo con sus pares; tampoco valorar ni desmembrar su obra; persiguen estas líneas, apenas, la concreción de un estricto acto de Justicia.
En primer término, me permito una indiscreción: Otoniel, ante sus íntimos, rechazaba con hosquedad pertenecer a una casta de poetas malditos. Es de destacar su honradez. Si bien confesó más de una vez que nunca leyó a Arthur Rimbaud, Stéphane Mallarmé ni –mucho menos- a Marceline Desbordes-Valmore, se diferenciaba de ellos tajantemente. Iba más allá su humildad: juraba que jamás había escuchado esos nombres.
Clemente Otoniel puede haber sido acusado de todo, menos de oportunista. Se mantuvo fiel a sus convicciones y, por tanto, ajeno a las corrientes poéticas, históricas o de moda. No adhirió ni al romanticismo ni al modernismo, y hasta denostaba al simbolismo. Quizás su postura anárquica motivó la indiferencia a la que fueron conminados sus poemas, incluso los más logrados.
“María Magdalena, sin casete”, tal vez su poemario más polémico, reveló su audacia y su coraje sin límites. Esas cuartetas, que no significaron otra cosa que darle voz a un personaje tan controvertido del cristianismo, no le valieron la excomunión de la Iglesia Católica. Otoniel entendió el silencio e inacción de la curia como una admisión implícita a lo atinado de sus versos.
Pero no iba a ser gratis para el pensador la prueba de su arrojo. Los poemas, insólitamente inéditos, provocaron la furia de su madre. La mujer, líder de un grupo de oración de la Renovación Carismática, no dudó en echarlo de su casa tras hallar el manuscrito, disimulado en el cajón donde el poeta guardaba su ropa interior.
Pasados los sesenta años, Otoniel se encontró en la calle, con un mundo por descubrir.
Quizás el alejamiento de su lugar, el peregrinaje hostil al que se vio sometido, originó sus rimas más lastimeras. Se sintió un segregado y volcó la traumática experiencia en el experimental “La calle, la hiel”.
Luego de algún tiempo de tardía rebeldía, intentó el perdón de su madre con una jugada intrépida: simuló convertirse al catolicismo, a la manera de Paul Verlaine, e incluso se ofreció para oficiar de monaguillo en la Iglesia de la Merced. Su madre se mantuvo imperturbable.
Allí se produjo un quiebre en la vida de Otoniel. Enloquecido por el ultraje materno, desequilibrado se podría decir, germinó una completa identificación con José Saramago, de quien decía –no sin razón- que, al igual que él mismo, se había dedicado al arte de las letras en la madurez. De esa época data el sobrio “Mi hermano, el comunista”.
Se transcribe:

El aire acarrea aromas genitales
Tú estás en el Norte, yo estoy en el Sur
Me gustaría verte, José Saramago
Pa decirte en la jeta lo que tú vales

Hay artificios en tu Literatura
Mi madre, morena; la tuya, desconozco
Los dos empezamos de viejos
Humildemente, estás a mi altura

Y todo se mezcla en la espesura
De la vida y de la muerte
Somos hermanos, ¿qué duda cabe?
Es raro, pero ¿no es una hermosura?

Y es bello, como rocío en una rosa
Vos, comunista; yo, nada que ver
Pero eso es lo de menos, me parece
Sos mi hermano, y a otra cosa, mariposa

Esa obra fue el inicio del eclecticismo que marcó los últimos años de su arte. Es casi una leyenda su presentación ante las autoridades, a mediados de los años setenta, para solicitar un subsidio que permitiese difundir masivamente su homenaje fraternal al escritor portugués. Un gesto valiente, sin lugar a dudas. Y una prueba concreta de que un artista no necesariamente debe estar avisado de vaivenes políticos y otras minucias por el estilo.
Las autoridades militares que acababan de asaltar el poder no vieron con buenos ojos la difusión de su labor, pero Otoniel no se amilanó: en pocos días escribió “Algo habrán hecho”, interpretado como un manifiesto valeroso contra barbudos y revoltosos, contrarios al orden establecido que –curiosamente- tanto lo ignoró.
Luego, la expectativa silente. Quienes lo quisieron bien esperaron durante décadas volver a escuchar su voz. Lo compararon con Juan Rulfo, pensaron en un retorno a toda orquesta. Clemente Otoniel no les dio el gusto; evidentemente tenía otros planes. Se volvió a saber de él la semana que pasó: en una cama de hospital se apagó su vida, luego de una penosa y larga enfermedad.
Se fue con una mueca de disgusto en el rostro, pero libre.
El practicante que higienizó su cadáver extrajo de su bolsillo y arrojó al cesto, sin siquiera leerlo, su último poema. Sin saberlo, con un simple movimiento de su brazo, el ignoto enfermero cerró el círculo de la ignominia.

Ilustración: Andal13, de Ajo y Agua.

8 comentarios:

Santiago dijo...

Estimado maestro German:

Es con inocultable placer que me percato de su reaparición en estos espacios blogacadémicos. Descuento desde ya el jolgorio que armarán algunas damas ligeras de cascos que ha tiempo lo aguardan en estos andurriales eruditos y virtuales.
Ha hecho usted una impecable rentrée crítica con este merecido obituario de el enorme e ignorado Clemente. Sus palabras se inscriben en la tradición de aquél otro genial filólogo y erudito que supo ser el Negro Fontanarrosa.
Bienvenido otra vez a la arena literario-bloguera.
Me voy-
Oigo aullar a las damas. Ya vienen. Se escucha un tropel cada vez más cerca...

Un abrazo
Santiago

andal13 dijo...

¡La pucha que lo tiró al Santiago, me ganó de mano!!! Lo que es estar bien al pedo... mientras yo me encontraba en la peluquería, poniéndome a tono para ir a rendirle un postrer homenaje a quien -en mi humilde opinión- es uno de los GRANDES, tal vez sólo parangonable con Parquitos Garibaldi.
Pero Otoniel no murió; sólo se fue al Parnaso.

Ro dijo...

Agitada y con la taquicardia coronando el espasmo pulmonar vengo corriendo tal cual dijo Santiago, a ver y ahora encima tengo una mezcla de humor ternura encima, que se me carcajea una parte y se me enternece otro- no tipo milanesa, no va a comparar- es como si a Borges le hubiera crecido una cruza con Fontanarrosa, pienso al principio, pero después me viene eso de lo de tierno y eso, gurí, solo le corresponde a usted, y se percibe.
Bueno, festejo por todo lo alto y lo bajo su regreso aquí y me voy a comer porque me llaman, pero ya volveré...
Besotes

FLACA dijo...

Palabras dignas de la calidad a la que nos tienen acostumbrados tus escritos y al lapso de tus silencios.

Muy buena la mezcla del en seerio y el embroma.
Todavía no puedo creer que hayas reaparecido. Te doy un abrazo de bienvenida.

Ro dijo...

Hay propuesta colectiva (pero nadie me da bola, salvo el Santi) Hay cuento nuevo, pero no es lo mismo si usted no pinta por ahí.
Yo quiero ser como Otoniel y entender el silencio e inacción de la curia bloggera como una admisión implícita a lo atinado de mis letras, pero me falta autoestima...Vamos, dése una vueltita... oh, gurí,uno de los más preclaros e imprescindibles...

andal13 dijo...

¡Qué falta que me hacen las sabias palabras del Maestro en estos momentos de dudas electorales...!

Juan Luis Carreras M. dijo...

Qué bueno saber de tus letras nuevamente.

Merecido homenaje al poeta.

Un abrazo.

ro dijo...

VAMOS!!!! HAY OTRA PROPUESTA COLECTIVA EN CONVOCAJODA Y EN EL CRISTAL. NO SE ME VAYA DEL TODO, COMPAÑERO DEL ALMA. ÉSTA ES FÁCIL Y RÁPIDA!!!