Sucedió en una mañana de octubre. Una mañana como tantas, sin virtud alguna como para quedar enquistada en el recuerdo. Helena parecía no estar del todo convencida en su idea de dejarme, pero fue eso lo que hizo.Es mejor que nos separemos ahora. Los dos sabemos que es así.
Tenía razón. Esa convicción había ido tomando forma, como un embrión que crece lentamente, día a día, hasta convertirse en una criatura con entidad propia.
No tenía argumentos para contradecirla. Nuestra relación había entrado en un declive persistente y no encontrábamos la forma de torcer el rumbo. Pero percibirla insegura hacía que el hilo siempre a punto de cortarse me pareciera todavía factible de engrosar. Le pedí que siguiéramos.
¿Para qué?
Me dejó sin palabras. Si ella, que había sido por años el puntal, ya no tenía fe, todo cuanto dijera yo sonaría hueco, apenas un sinsentido.
Estuvimos mirándonos un rato. Era sábado. Tenía los ojos opacos, sin la expresión que me había enamorado. Tus ojos son luminosos, le dije la primera vez que la vi.
Comencé a sentir que debía irme, buscar aire fresco. La densidad del ambiente era evidente. Una pequeña representación de nuestros últimos meses, pensé.
¿Cómo sigue esto?, pregunté. Me arrepentí un segundo después.
Qué sé yo… ¡mirá lo que preguntás!, respondió.
Me puse de pie y la abracé. Algo le dije al oído, mientras advertía que su piel ya no era para mí la piel que antes hubiese reconocido entre miles. Y me fui.
Empecé a caminar sin una senda definida. Noté que los árboles estaban casi cubiertos de hojas. No tenía adónde ir. Mejor dicho, todavía no tenía ganas de ir a la casa de mi madre y enfrentarme con su curiosidad.
Me encaminé hacia el bar que solía frecuentar cuando era soltero. Sabía que le habían cambiado el nombre. Cuando ingresé noté que ya nada quedaba de aquel antiguo bar. Se parecía ahora a una vidriera, con grandes ventanales a la calle, que reemplazaron las ventanas pequeñas de entonces, a través de cuyos vidrios empañados miraba la realidad en las noches de invierno.
Con alegría comprobé que aún trabajaba uno de los mozos de aquel tiempo. Creo que su nombre era Horacio. Le hice la seña de un café, a la distancia. No me reconoció desde lejos, y tampoco al acercarse. No le dije nada. Pagué y me fui.
Esa noche dormí en mi habitación de soltero, que nunca cambió, como si me hubiese estado esperando. Apoyé mi cabeza en la almohada, reconociendo los olores de siempre, viendo al trasluz lo mismo que veía al trasluz veinte años atrás. Los mismos muebles, los mismos cuadros, hasta el mismo color de pintura en las paredes.
Pensé en Helena. No me molestó su ausencia. Era, si se quiere, un hecho tristemente asumido.
Lo que me molestó fue el bar, y sus cambios. Me molestó esa habitación de soltero, y sus no cambios. Me dolió el paso del tiempo, y comprender que ya no era el mismo. Me dolió no haberme dado cuenta hasta apoyar aquella noche mi cabeza en esa almohada.
A veces me pregunto por qué se empeñan en volver en el recuerdo algunos días tan poco memorables.
20 comentarios:
¿Por qué es que cada cierto tiempo revuelves mi cabeza? Como abeja que zumba, ebria de miel, ebria de ti... ebria de amor extinto.
¿Lo que siento? Decepción.
¿Lo que quiero? ...es tal vez la pregunta más difícil que me he hecho.
Por qué en cada luna llena recuerdo esas realidades molestas?? Tal vez esas memorias nos quieran decir algo... pero estamos demasiado ocupados como para detenernos y aprender de ellas... de nuevo...
Me has hecho identificar completamente con la historia.
Me ha cautivado el abrazo de despedida y el bar, así como la habitación de soltero.
Gracias por este escrito.
Es muy hermoso y da para reflexionar.
Luis
Sublime.De repente uno se ve sumergido en esa atmosfera de melancolia e incertidumbre,como en esas etapas de la vida ger,en las que todo se modifica.besotes!
Hermoso relato, y profundo. Triste, como todos los finales.Es genial cómo con pequeñísimos detalles y gestos deinís toda la situación, y tu sensibilidad para elegirlos es exquisita."Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos".¿Quién loo decía?
Cambiando de tema,
1-sos de las pocas pesonas que escribe naturalmente Helena con hache, mi cuñada te daría un premio.
2-¿Sabés ya cuándo venís?
Un abrazo.
A veces es mejor partir que seguir "conviviendo" en esas situaciones...donde el vacio y sentimientos ligados a la nada es lo unico que existe entre dos personas.
Y si, esos recuerdos aparecen en los momentos menos oportunos. ¿porque será?...
Bezotes Germán.
Ah, Germán, me ha dado por relacionarte con esas despedidas opacas, privadas de dolencia que manejás en forma excepcional.
Tus personajes se miran como desconocidos, después de haberse conocido por mucho tiempo, y enmarcan un tipo de tristeza, la más triste de todas, la que ni siquiera tiene el consuelo de las lágrimas.
Hay heroísmo en el sufrimiento, pero la nada es vacuidad, del tipo que se rellena con recuerdos extraños.
Gracias amigo, muchas Gracias.
Muy bueno, el sentimiento de la pérdida del otro que queda a un lado en contraste al vacío que provoca el no cambio del propio cuarto de hace 20 años.
Un abrazo.
Pd. Para la Flaca: "Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos". Lo dijo don Pablo Neruda.
Eso de mirar a través de vidrios opacados por el tiempo lo empiezo a experimentar ahora. Mis pérdidas aún no han calado tan hondo en mi recuerdo, pero me imaginé con tu texto que yo dejaba al joven una tarde lluviosa en París. Helena con H, me encanta.
Se empeñan porque como decís al principio, forman un quiste en la memoria. Creo que lo que más me gustó fue eso de que el personaje juzga su interior y su evolución, sus cambios o sus parálisis en el tiempo por el espacio exterior, el bar y el cuarto. Lo de afuera cambia y lo que le era propio permanece igual. La vida parece correr en una dirección y el personaje va en otra. Pero es bueno que así sea cuando la vida cambia sus hermosas ventanas empañadas por el calor interior, en el invierno, por fríos ventanales como vidrieras. Y esa almohada,tan emblemática, es volver al origen, a lo que tiene nuestros olores y penas impregnadas, para comprender los cambios propios y los del mundo. Bueno, basta, esto es larguísimo, pero lo que pasa es que con estos cuentos en primera persona uno se enreda entre la ficción y la realidad y cuesta mantener la figura del narrador como alguien diferente al autor. Abrazos.
Qué linda sensación me produce eso de mirar a través de los vidrios la realidad... en un bar, una ventana.
Y ese abrazo de despedida, abrazo que parece nacer entero y probablemente esté tan deshecho...
Beso
Exquisito como siempre...
En breve actualizo, y te espero por allí...
besos:
Ju
en un arelacion hay epocas y algunas son esas en las que es mejor cortar por lo sano y no obligar a que sucedan hechos y tampoco obligar a generar sentimientos provocados...adulterados....como querais llamarles...elsentir amor por la otra persona y bienestad es como estar comodo en tu casa ...el corazon del otro tiene que ser tu casa y a la vez debes sentirte como en casa estando alli si no lo estas ya no es tu casa un besin emorme.... :)
Te llegó el mail con los hoteles? Soy Rossana de El Cristal.
Te llegó el mail con los hoteles? Soy Rossana de El Cristal.
GRACIAS, GERMÁN!!! QUÉ BONITO, PROFUNDO Y SENTIDO RELATO... ES CIERTO, CUANDO EL TIEMPO HA PASADO, CASI SIN PERCIBIRLO, UNO SE DA CUENTA DE QUE, YA NADA ES LO MISMO... TODO HA CAMBIADO, NADA HA CAMBIADO. TE MANDO UN BESO, UN ABRAZO, AMIGO IMAGINARIO. Ausencia.
Excelente relato, me emocionó mucho.
Que linod!! Quiza esas memorias regresan para recordarnos que a pesar de la tristeza, todo valio la pena! Un abrazo!
Mariana R
Gurí, te contesté allá. Besos
Hola, no sé muy bien qué poner. Cuando he acabado de leerlo, estaba completamente embobada, encontrándome en esa historia. Supongo que a más de uno le habrá pasado. Empiezo a tener Bovarismo con demasiada frecuencia.
Escribes estupendo.
Un abrazo
A veces yo también me pregunto por qué en la memoria habitan tantos recuerdos.
Bellísimo tu escrito y la fotografía que lo ilustra.
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